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La Coctelera

A Doña Mercedes, la Señora voz…

A Doña Mercedes, la Señora voz…

Me resulta difícil pensar la vida sin la humildad hecha persona y reflejada en la Negra, como comúnmente y adusta, pero cariñosamente le llamamos.

Nosotros que nos degustamos en la belleza de la trova, en lo libre de su canto y en lo diáfano de las letras que se hacen melodía, pero aún más en una de las voces más bellas de nuestra América Latina, la nuestra, la que soñamos sin analfabetismo, la que soñamos libre de locos armados y ansiosos de poder o protagonismo, la que soñamos dándole Gracias a la vida como ella nos enseño, haciendo una clara diferenciación de lo que anhelamos y sale del burdo estrato de lo material.

Una de mis demonios, el maestro Silvio Rodríguez, tiene un derrotero de canción -Mujeres- que en su contenido habla de su abuela, pero se refiere a mujeres con la fuerza y entereza llevar sobre sí mismas, las cargas ajenas de la injusticia social, es en ese tipo de seres, que solo podemos ver una vez en la vida, que radicaba Mercedes Sosa.

Este es mi segundo intento de escribir algo en mi propio blog. A la vez, el intento nace nuevamente en momentos de nubes grises, la primera fue una humilde despedida para Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia; y ahora, trato de hacerlo con un de mis cantantes favoritas, una de esas figuras que trascienden en esta vida, y si la hay, en la otra, son estrellas que iluminan nuestra vida con su canto a la vida y que nunca se extinguen mientras las tengamos latentes en nuestra mente.

la partida de Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia

  

No soy, ni pretendo ser un experto en lo sucesivo de mis palabras.

Pero se duele el alma de los que nos apasionamos con la lectura, particularmente la latinoamericana, la nuestra. Semos todos latinos.

Y es que los que somos amantes de la buena novela nos encontramos huérfanos y sin uno de nuestros parangones más grandes.

El gran hombre que como otros, empezó tras una Olivetti y termino tras de una terminal tipeando letra tras letras, palabra tras palabra, idea tras idea, esperanza tras de esperanza, dolor tras de dolor, ha fallecido, ese que antes consideramos uno de los Uruguayos más universales y que lo hacíamos propio al leer su prosa tan fresca y fluida, que raramente te produce el empeño de seguir y seguir hasta que caducas el libro que tenés en tus manos y sin caer en las manos de morfeo.

Y es que el gran conocido sencillamente como, Mario Benedetti, partió hacia la mas plena de las libertades y a la vez nos consagra la nuestra, la aún material e insustancial que nos hace despertar a diario y agradecer por que nuevamente vemos el día. Pero el derrotero que nos trazo es la de aprender a amar con plenitud y pensando en que no hay mañana para amar, solo el ahora y de ahí la intensidad para hacerlo como lo hace Martín Santomé, dándose una tregua con un costo altísimo ante todos los que lo rodean, desde su familia hasta la vida misma.

Con eso no nos queda más que, humildemente, hacer una breve oda...

esta vida, que es la que nosotros creemos la única,

y no es sino la que queremos vivir como los demás quisieran que la vivamos

pero no tratamos de caminar nuestro propio camino, ni sobre nuestras huellas,

solo lo hacemos buscando el camino que los demás hicieron

nos detenemos en la vida a congelarnos del miedo a hacer nuestros propios pasos,

 pasos que podrían los que marcarían una vida que no sea la nuestra

la vida que vivimos, no es más que un reflejo de amor del Ser supremo que nos la da

y lo único que nos queda es tratar de vivirla dignamente, es decir, ser felices...