A Doña Mercedes, la Señora voz…
Me resulta difícil pensar la vida sin la humildad hecha persona y reflejada en la Negra, como comúnmente y adusta, pero cariñosamente le llamamos.
Nosotros que nos degustamos en la belleza de la trova, en lo libre de su canto y en lo diáfano de las letras que se hacen melodía, pero aún más en una de las voces más bellas de nuestra América Latina, la nuestra, la que soñamos sin analfabetismo, la que soñamos libre de locos armados y ansiosos de poder o protagonismo, la que soñamos dándole Gracias a la vida como ella nos enseño, haciendo una clara diferenciación de lo que anhelamos y sale del burdo estrato de lo material.
Una de mis demonios, el maestro Silvio Rodríguez, tiene un derrotero de canción -Mujeres- que en su contenido habla de su abuela, pero se refiere a mujeres con la fuerza y entereza llevar sobre sí mismas, las cargas ajenas de la injusticia social, es en ese tipo de seres, que solo podemos ver una vez en la vida, que radicaba Mercedes Sosa.
Este es mi segundo intento de escribir algo en mi propio blog. A la vez, el intento nace nuevamente en momentos de nubes grises, la primera fue una humilde despedida para Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia; y ahora, trato de hacerlo con un de mis cantantes favoritas, una de esas figuras que trascienden en esta vida, y si la hay, en la otra, son estrellas que iluminan nuestra vida con su canto a la vida y que nunca se extinguen mientras las tengamos latentes en nuestra mente.
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